miércoles, 22 de noviembre de 2017

EL TIEMPO

En la tarea cotidiana del ámbito escolar rural hay variados tiempos  considerar, los tiempos de las familias, los tiempos del docente, los tiempos de los alumnos y los tiempos reales. Al referirnos a los tiempos reales, lo hacemos pensando que esta variable s muy diferente en el ámbito urbano, factores naturales y sociales inciden en ella. Si bien el calendario escolar establece la cantidad de días hábiles para los alumnos, en el sector rural esta calendarización sufrirá modificaciones en función del clima y de la transitabilidad de los camino. Esto implica que el docente que se desempeña en el ámbito rural se encuentre con alumnos que asisten cuando la situación natural y/o social lo habilita, por lo tanto, cada momento en el jardín, debe ser aprovechado al máximo. 
Los tiempos del docente, sabemos que un maestro de un jardín rural, tiene que desempeñar simultáneamente muchas funciones. Saben que todo momento es un momento de enseñanza, cada uno es importante para el niño, el docente rural enriquece su perspectiva al considerar el tiempo, su tiempo y el del niño, como único y determinante.
Respecto de los tiempos de los niños o de las actividades, es posible considerar que, al ser menos, los niños y niñas de la sala al no contar con profesores de áreas especiales, las actividades se agotan más rápidamente y tenemos que planificar mayor cantidad y variedad de actividades por día. Hay tiempos distintos para cada edad. Un niño de tres años agota rápidamente su capacidad plástica, posiblemente, el docente es flexible con los más pequeños, proponiendo otras actividades respetando el tiempo, el espacio y la tranquilidad que los más grandes necesiten.

El docente quizás pueda enseñar a buscar e indagar sobre aquello que aún no ha sido percibido, a ver con otros ojos lo cotidiano, aprovechara los amplios espacios y ofrecerá a través de diferentes estrategias las posibilidades de conocer aquello no tan obvio, ni tan cercano.  
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EL ESPACIO

Los jardines rurales suelen tener espacios interiores reducidos para el desarrollo de las actividades, si bien no en todos los casos es así, para la mayoría que debe compartir con alumnos y docentes de la escuela primaria.
A veces la sala es el jardín todo y por lo tanto puede ser un espacio que rompa con la cotidianeidad, muchas veces este único espacio es también depósito. Pero muchas y excelentes experiencias demuestran que las docentes que se desempeñan en este ámbito han sabido hacer coexistir la múltiple funcionalidad de la sala con diversas opciones educativas.    
Otra realidad de los Jardines Rurales es que los espacios son, transitados por las mismas personas.
Ambientar una sala de Nivel Inicial implica haber pensado que sensaciones y emociones queremos transmitir, que colores y que olores queremos ver y sentir.
Las paredes hablan…. Y es por eso que tal vez tenga cierta utilidad rever las concepciones que tenemos respecto de la “decoración” de la sala y la muestras constante de todo lo que se hace. La ambientación es una estrategia pedagógica en tanto dispone, o no, a hacer, a enseñar y a aprender. Quizás sea aprovechoso que los niños sepan que pueden hacer y deshacer el espacio en función de sus necesidades lúdicas, motrices, etc.
Respecto de los objetos y materiales probablemente nos convenga concentrarnos en aquellos que promuevan y no encierren las posibilidades de creación e  invención tan desarrollada en los alumnos del ámbito rural. Trabajar con materiales que inviten a la acción infantil. Telas de colores, cintas, broches y sogas pueden estar a disposición de los niños que seguramente las utilizaran en las más variadas e impensadas situaciones de juego y no juego. 
El ambiente es un lugar que debe ser pensado como un espacio de reconocimiento, en el que sus producciones ocupen un lugar relevante. Eso habla de la valoración y el respeto por su esfuerzo  trabajo. El ambiente es un lugar de ampliación de posibilidades.
Las maestras y maestros rurales también conocen la importancia que tiene para estas comunidades los tiempos compartidos,  priorizando actividades que impliquen la relación con los otros, o con alumnos de primaria, generando proyectos de tiempos compartidos, como juegos tradicionales o proyecto de lectura de cuentos con los más grandes, también es el tiempo de encuentro entre las familias. Los actos, las reuniones, cualquier otra excusa es buena, para generar el acercamiento, porque esta es una de las tareas más importantes de las escuelas rurales, ofrecer la oportunidad del encuentro.

El docente sabe que el tiempo es una variable a considerar en todas sus dimensiones. 

LA TAREA DE ENSEÑAR EN EL ÁMBITO RURAL

En el ámbito rural como en cualquier otro contexto donde deba producirse enseñanza estamos acostumbrados a buscar estrategias, mirando diferente y profundo sobre aquello que resulta cotidiano, pero también. Que un niño o niña del ámbito rural accede al Nivel Inicial permite encontrarse con un adulto educador que lo ayude a ver lo diario, su paisaje y vivencias habituales con otros ojos, una mirada más profunda que permita indagar sobre aquello que por obvio ha sido naturalizado o invisibilizado; cuestionarse sobre el cambio del paisaje, indagar respecto de los roles en el campo, reconocer los aspectos relevantes de la historia del pueblo en que viven, profundizar acerca de las costumbres y actividades que se desarrollan en la zona, de conocer más respecto de aquello que resulta cercano y familiar.
El encuentro con este adulto, en un ámbito educativo, debe posibilitarle acceder a bienes culturales a los que no accedería por fuera de él. Es el Jardín de Infantes quien debe posibilitarle indagar y apropiarse de aquello que por lejano día, dado que no sabemos si será el último día que asistirá al jardín.
Como organizar la planificación sabiendo de antemano que la continuidad es prácticamente una utopía.
Estas estrategias estrechan vínculos y generan confianza, variables que las familias consideran al momento de decidir si es conveniente que su hijo vaya o n al jardín. Son muchas también las estrategias que las docentes implementan para que los niños y niñas que no pueden asistir al jardín continúen teniendo, por fuera del ámbito escolar, experiencias que los acerquen a conocimientos nuevos. Bibliotecas, títeres, juegotecas viajeros como estrategias cumplen varias funciones tener el jardín en casa el tiempo que no pueden asistir, implica poder usarlos y recrearlos e implica la obligación de volver. Tener un títere, un libro o un juego o juguete del Jardín en la casa genera que, aunque las condiciones climáticas no le permitan llegar a él, no se pierda el sentido de pertenencia.
También se han implementado caretas viajeras o libros que se elaboran en el jardín que dan cuenta de lo diferentes recortes abordados y las actividades desarrolladas en clase y transitan por las casas para que las familias puedan ver como los niños trabajan en el Jardín. 
Al implementar estar estrategias la docente debe tener en cuenta que no todas las familias están alfabetizadas y pueden tal vez, algunos de sus miembros puede tener ciertas limitaciones para acceder a su contenido o propuesta de trabajo. Deberá suplirse, con otro tipo de propuestas por ejemplo que el niño o niña narren en casa el cuento que conto la maestra y entre todos puedan realizar una ilustración. Otra variable a considerar es verificar que las familias cuenten con los elementos para realizar esta propuesta, de lo contario será el docente quien deba ofrecerlos.
Algunas docentes han implementado como estrategia una carpeta con actividades semanales, para que los niños y niñas puedan realizar con sus familias, previendo que puedan no asistir por diferentes causas.
Cuando la causa que imposibilita la asistencia es una enfermedad, se realizan cartas con los compañeros que son llevadas a las casas por algún hermano o algún otro niño que viva en la misma estancia o pueblo, también es posible que se le envíe una caja con juegos y otros elementos del Jardín, es sabido que en estos ámbitos muchas veces es la propia maestra la que visita a su alumno o alumna convaleciente.    
Es sabido que la salida educativa es una estrategia muy rica para posibilitar estos acercamientos pero también es cierto que, muchas veces, por razones económicas, de distancia, de disponibilidad, no resulta tan variable. Para esto es necesario que el docente ofrezca recursos y herramientas validas, generados del conocimiento real, evitando la infantilización al momento de enseñar, por ejemplo al buscar información sobre animales salvajes tal vez sea más eficaz aportar fotos y no caricaturas.

No existen contextos pobres para la enseñanza, hay posibilidades que están a la vista y otras que se ocultan y solo aparecen ante la mirada profunda y la acción intencionada del docente. 
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EL JUEGO

 Si hay una verdad, probablemente sea que el niño del ámbito rural como cualquier otro niño JUEGA. En principio, a lo que conoce, desempeña roles que le son conocidos y cercanos a su vivencia cotidiana. Ir a arriar las vacas, amasar el pan, construir el corral, salir a cazar o a pescar, arreglar el tractor o ir a tomar mate o a la jineteada son juegos comunes de los niños del ámbito rural. Si hay algo que iguala a los niños quizás sea su predisposición al juego.

El aprendizaje es en un punto la interiorización de lo exterior y el juego una de las posibilidades de exteriorizar aquello que sabemos y sentimos, es por ello que juego y aprendizaje lejos de ser antagónicos resultan complementariamente necesarios.
Es el juego la herramienta con la que cuentan los niños y niñas para entender su entorno, apropiarse de este, exponer sus dudas, expresar sus emociones, con otros niños. Es el juego la herramienta con la que cuenta el docente para generar, situaciones a descubrir, posibilidades para aprender.
Es a través del juego que muchos docentes conocemos y descubrimos la realidad de nuestros alumnos, nos enseñan sus realidades, sus necesidades, nos acercan al conocimiento de los tan mentados saberes previos.   
Quienes se desempeñan en el ámbito rural hacen referencia a que las carencias de los niños hacen de sus alumnos seres más creativos, sus juegos son más ricos en tanto han aprendido, desde muy pequeños, a arreglarse con lo que tiene, a jugar con lo que las naturaleza les aporta, son prácticos y manipulan herramientas para construir carros, hamacas y otros elementos.
El juego simbólico pone de manifiesto la imaginación creadora de estos niños que construyen corrales o casitas con ramas, utilizan los elementos naturales para simbolizar todo aquello que necesitan, no tienen problema en ensuciarse o subirse a los arboles  jugar arriba de un tractor viejo, son privilegiados con amplios espacios para moverse.
El docente puede ofrecer recursos que motiven a seguir desarrollando estas capacidades y expriman las posibilidades del juego compartido.  
El juego es, por excelencia, libre, solo si se mantiene esta condición es juego. Y es libre porque es el jugador quien decide si desea  o no jugarlo.


 Tiene un enorme valor que el docente permita este tipo de juegos previendo los tiempos, los espacios y los recursos que los promuevan.

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EN LAS ESCUELAS RURALES LOS CHICOS YA APRENDEN MÁS QUE EN LA CIUDAD…

Lo afirma un nuevo estudio de la Unesco, que comparó datos entre 2006 y 2013. De allí surge que la calidad educativa se estancó en los colegios urbanos y creció en los del campo.
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Fin de jornada. La directora, Norma Domenech, despide a los alumnos en la Escuela N° 252, que funciona en Paimún, dentro del Parque Nacional Lanín, en la provincia de Neuquén.
En el imaginario la escuela rural suele asociarse con precariedad, falta de recursos, alumnos que recorren cada día decenas de kilómetros a caballo para poder estudiar. Pero tal vez sea hora de revisar esa representación. Según un informe reciente de Unesco, los alumnos de las escuelas rurales argentinas logran los mismos aprendizajes que los chicos de las escuelas urbanas, e incluso más en algunas áreas. Por primera vez, la brecha entre escuela rural y escuela urbana, que tradicionalmente dejaba rezagadas a las primeras, ha desaparecido.
La conclusión se desprende del reporte La Educación para Todos 2000-2015, que analiza los avances educativos en todo el mundo en los últimos 15 años. Allí Unesco destaca, entre otras cosas, que “en 2006, en la mayoría de los países de la región se registraron disparidades muy importantes entre los alumnos de las zonas rurales y las urbanas en lo que respecta al grado de aprovechamiento en el aprendizaje de la lectura”, y que al mirar la evolución desde ese año hasta 2013, surge que en Argentina –como en Brasil y Chile– esas desigualdades se redujeron sustancialmente.
Los datos surgen de comparar el desempeño de los alumnos argentinos de 6° grado en lectura en las pruebas SERCE (de 2006) y TERCE (de 2013). Allí salta a la vista que los chicos que asisten a escuelas rurales lograron una mejoría de más de 40 puntos y llegaron a 510, en línea con el puntaje total de los alumnos de 6°. En ese mismo período, los estudiantes de las ciudades mantuvieron el mismo nivel de desempeño: mientras las rurales mejoraron mucho en los últimos años, las urbanas permanecen estancadas, e incluso fueron superadas por las rurales en ciencias.
A Hernán Ulloa, con 18 años de experiencia docente en escuelas rurales de Neuquén –10 de ellos como director–, estos datos no lo sorprenden. “En estos años llegaron muchos recursos didácticos, libros y aulas virtuales a las escuelas rurales”, reconoce Hernán, actual director de una escuela en Villa El Chocón y ex director de la Escuela N° 242 Coronel Manuel Namuncurá, en el paraje de Huilqui Menuco, a la que asisten unos 50 alumnos de la comunidad mapuche Painefilú, en aulas plurigrado. La electricidad llegó allí hace ocho años; la televisión, hace tres.
Para Hernán también fue crucial el mayor acceso a oportunidades de perfeccionamiento: “En la última década se generaron más dispositivos de capacitación en localidades cercanas a las escuelas. Antes, tenías que hacer 500 o 600 kilómetros para capacitarte; las opciones estaban a mano de los docentes urbanos pero no de los rurales”.
Este director asegura que en muchos ámbitos rurales estaba arraigada la idea de que “los chicos del campo son menos inteligentes”. Pero con la llegada de más recursos y la mayor capacitación de los maestros rurales, “los docentes ahora saben que todos los chicos tienen la misma capacidad de aprender”. Además, para Hernán la modalidad plurigrado –que reúne a chicos de distintas edades en las aulas– también favorece el aprendizaje “porque los alumnos más chicos ven lo que hacen los más grandes y se interesan”.
Según las mediciones de Unesco, los aprendizajes en las escuelas rurales argentinas mejoraron a tal punto que los alumnos no solo equiparan a sus pares de la ciudad en lectura y matemática, sino que los superan en el área de ciencias, que también es evaluada en las pruebas TERCE. “La educación rural obtiene mejores desempeños en Ciencias que la urbana. En las demás áreas no aparecen diferencias importantes entre los resultados”, dice el informe sobre factores asociados al aprendizaje en Argentina. En 2006, el SERCE sí había arrojado diferencias significativas a favor de las escuelas urbanas en Lectura, Ciencias y Matemática.
Laura Siciliano, directora de la Escuela N° 58 Juan Benigar, ubicada en la comunidad de Ruca Choroy en Neuquén, afirma que las escuelas rurales “estuvieron por muchos años desprovistas de los recursos más elementales para desarrollar su tarea” y que “ese estado de abandono de tantos años las convirtió en un no lugar”.
Para Laura, esto comenzó a cambiar gracias a las decisiones educativas nacionales y provinciales, que “tendieron a aumentar y mejorar el equipamiento pedagógico y las condiciones de trabajo”. Para Laura, el desafío es empezar a “salir del formato escolar tradicional, para pensar en una nueva propuesta que implique la integración de la escuela con los proyectos socioproductivos de la comunidad”.

ESCUELA RURAL EDITA LIBRO CON HISTORIAS ESCRITAS POR ALUMNOS…

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En La Serranita, un pequeño colegio primario logró realizar una publicación con cuentos de los chicos. Una experiencia educativa diferente, hecha con pocos recursos.
“Queremos que los chicos y chicas empiecen a ser noticia por sus acciones positivas”, dijo la directora de la escuela rural Manuel Belgrano, de La Serranita, pequeña localidad cercana a Alta Gracia.
La comunidad educativa encaró y consumó un sueño: editar un libro propio, con historias escritas por los propios estudiantes de la escuela.
El esfuerzo suma mérito por tratarse de un pequeño colegio de tipo rural, con muchos menos alumnos y recursos que los de establecimientos de pueblos y ciudades.
“Lo bueno es que representa a la localidad en cualquier lugar de la provincia. Para nosotros es un orgullo, porque habla del entusiasmo de los niños y del pueblo”, destacó el presidente comunal de La Serranita, Carlos Guzmán.
“El libro fue fruto del trabajo de todo el año, en el que hicimos foco en el fortalecimiento de la lengua, la escritura y la expresión. Además, consideramos la dimensión sociocultural de la zona”, explicó Alejandra Gudiño, directora del establecimiento educativo.
Jeremías, uno de los niños del colegio, celebró: “Tenemos un libro y podemos leer nuestra historia y la de los otros chicos, y toda la gente puede leerlo”.
Al colegio, ubicado a 15 kilómetros de Alta Gracia, asisten cerca de 40 estudiantes de La Serranita, La Rancherita, Anisacate, La Bolsa y Alta Gracia.
“En zona rural todo es un desafío. Acá, en una sala funcionan primero, segundo y tercer grado, mientras que en la otra están juntos cuarto, quinto y sexto”, detalló Gudiño.
Ivonne, alumna de sexto grado, vive desde hace un año en La Rancherita y escribió uno de los cuentos, llamado “El tren del fin del mundo”. Sobre el libro, analizó entusiasmada: “Es increíble imaginar que la gente y los chicos de otros lugares van a leer mi historia”.

Para Daniel, alias “Pochi”, de cuarto grado y autor del cuento “La historia de la hamaca”, ver el libro terminado fue una sorpresa agradable. “No lo podemos creer. Está buenísimo”, sintetizó.

UN LUGAR EN LA PATAGONIA…

La escuelita olvidada: tiene una alumna, la van a cerrar y juntan firmas para salvarla. Por orden oficial, la escuela 331 de Río Chico debe cerrar, Pero los vecinos resisten.
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Una alumna. Una docente. Un paraje inhóspito en medio de la Patagonia. Este es el crudo escenario de la Escuela rural 331 de Río Chico Abajo, a punto de cerrar sus puerta por decisión del ministerio de Educación de Río Negro. La Resolución 1799/17 le impone una suspensión temporal a la escuelita ante la baja densidad de alumnos. Hoy tiene un estudiante, Candela de 5 años. Entre 2015 y 2016 fueron dos, Candela y su hermana en la actualidad con edad de asistir a la Secundaria. En 2012 eran 9. Los vecinos cuentan que la escuela es un punto de encuentro para quienes habitan los desolados rincones del desierto patagónico. El gremio docente (UNTER), asegura que los motivos son económicos y que no se ha considerado el rol socializador que desempeña el espacio al que también asisten 16 adultos en proceso de escolarización.
La docente Gladys Osovnikar, junto a los habitantes de la zona, formaron un grupo en Facebook que ya tiene cerca de 2000 “Amigos” y otro en Change.org, en cual solicitan la continuidad al gobernador Alberto Weretilneck. Más de 20 mil personas apoyan la convocatoria.
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“Vamos a defender la Patria en Escuela 331, su gente, su vida, la educación, el sentido de pertenencia, sus derechos, hoy estamos junto a la familia Peña Fernández diciendo No al Cierre. No debemos dejar que le arrebaten sus derechos de elegir el lugar que deciden ir”, dicen los vecinos en un texto conjunto. A su reclamo se han sumado docentes de La Pampa, Chubut y otras provincias.
La Escuela primaria 331 de Río Chico Abajo fue fundada en 1997 en un edificio que originalmente era un salón comunitario. Está a 40 kilómetros de Río Chico, la localidad más cercana con 282 habitantes. Son 100 menos que en el anterior censo de 2001. La crisis del campo obligó a decenas familias de la Línea Sur a mudarse a las grandes ciudades, dejando a tras sus tierras y su cultura.
El ministerio de Educación provincial espera que Candela se traslade junto a su familia -los Peña Fernández- a Río Chico para completar su formación en la Escuela 163. Desde el ministerio implementaron una red de apoyo familiar que incluye el alquiler de la casa.
“El proceso de escolarización de la niña en cuestión no era continuo ni habitual. Las clases de este año comenzaron en febrero y recién recibió los primeros contenidos de 2017 luego de la segunda quincena de marzo”, argumentó la ministra de Educación y Derechos Humanos, Mónica Silva.
Pero la Escuela 331 es más que una “escuela”. La institución se erige como un núcleo vital de encuentro en los límites del paraje, rodeado de cerros pelados y clima desértico. Sus estudiantes y vecinos han llegado tradicionalmente a pie, en bicicleta o a caballo para asistir a clases o conversar, rompiendo con el aislamiento impuesto por la geografía.
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“El gobierno aduce falta de matrícula pero no ve que la escuela es el centro de la vida de la comunidad. Una escuela que cierra deja a un paraje sin su espacio de encuentro independientemente de que existan niños en edad escolar. Los pobladores dicen que si se cierra la escuela, todo termina acá”, le aseguró a Río Negro, Benjamín Catalán, secretario gremial de Unter Central.
“En muchas de las escuelas de la línea Sur estamos perdiendo la matrícula considerablemente. Hay una realidad, que es que con la crisis que tuvo el campo, la gente no elige el sector rural para vivir”, explica por su lado José María Ramallo, coordinador regional de Educación de la Zona Sur 1.
Para su única docente, el conflicto de la Escuela 331 supera los límites de la enseñanza. Es además una cuestión de amor propio y de vínculo con la tierra. “No es fácil vivir en el campo, en estos lugares aprende de los silencios, oscuridad, negatividades propias de la adversidad pura a convertirlas en fortalezas, de luchas continuas y a descubrir que se puede no importa el tiempo y aprender a canalizar las energías desencontradas, gracias por estar siempre acompañándome de todos los lugares de mí Provincia y país”, relata Osovnikar.